Azkena Rock 2026: tormenta, despedidas y 48.000 resistentes en Mendizabala
Más de 48.000 personas pasaron entre el 18 y el 20 de junio por Mendizabala, en Vitoria-Gasteiz, para la 24ª edición del Azkena Rock Festival. Tres días con The Hives, Alice Cooper y Social Distortion como cabezas de cartel, una tormenta de las que se recuerdan durante años y más de una despedida con nudo en la garganta. Con la resaca ya digerida, toca repasar lo que dejó la edición que abre el camino hacia el 25º aniversario.
Una edición marcada por el cielo
El dato grueso primero: 48.000 asistentes en tres jornadas, con los tres cabezas de cartel repartidos uno por noche. La organización había cerrado el cartel con Alice Cooper y Social Distortion como primeras confirmaciones y fue sumando después a The Hives, Alcalá Norte, Counting Crows y Superchunk, entre otros. Sobre el papel, una edición redonda.
El cielo tenía otros planes. El viernes, una tormenta eléctrica descargó sobre Mendizabala, anegó zonas de los escenarios, obligó a desalojar temporalmente el recinto y retocó los horarios de la jornada. El sábado siguió lloviendo a rachas. El festival aguantó el tipo y el público también: chubasquero, barro y a seguir.
Jueves: The Hives a toda velocidad y el adiós de The Adicts
La jornada inaugural tuvo a The Hives en modo apisonadora, con descarga de éxitos incluida: ‘Hate to Say I Told You So’, ‘Main Offender’ y ese descaro escénico que los suecos llevan de serie. Hubo quien afeó a Pelle Almqvist tanto parlamento entre canción y canción. Peaje conocido de la casa.
El plato emotivo llegó con The Adicts, de gira de despedida. Teatro punk con todo el atrezzo de siempre y un ‘You’ll Never Walk Alone’ que dejó a media explanada cantando con el corazón encogido. Varias crónicas del fin de semana lo situaron entre lo mejor del festival, y no parece exagerado. Completaron el día nombres como DeWolff, Imelda May y Corrosion of Conformity: rock setentero, rockabilly con voz de oro y barro sureño en la misma tarde. Así programa el Azkena.
Viernes: diluvio, el regreso de Sugar y un Cooper a medio volumen
La jornada del agua dejó, pese a todo, momentos para el archivo. El más histórico: Sugar, la banda de Bob Mould, no tocaba en España desde 1993. Treinta y tres años después, el reencuentro cayó en Vitoria, con parte del público calado hasta los huesos y sin intención alguna de moverse de ahí. La tarde había arrancado con nombres como Black Maracas y Cave-Girl & Neandergals antes de que el cielo se viniera abajo. Circle Jerks aportaron hardcore de pedigrí, Los Enemigos defendieron la cuota de rock de aquí con oficio y The Damn Truth se ganaron a pulso la etiqueta de sorpresa del fin de semana. Tropical Fuck Storm pusieron la nota torcida para paladares valientes.
Y luego estaba Alice Cooper. A sus 78 años, el hombre de la serpiente sigue montando su teatro del horror con oficio de veterano: guillotina, disfraces, monstruos de utilería y un repertorio con ‘Billion Dollar Babies’ incluido que pocos discutieron. La pega fue casi unánime entre los asistentes: el volumen del escenario principal se quedó corto, demasiado corto para una leyenda de ese calibre. El show estaba; el sonido, a medias. Duele más porque el setlist era de sobresaliente y porque quién sabe cuántas oportunidades más habrá de verlo por aquí.
Sábado: el evangelio según Mike Ness
La lluvia intermitente no frenó la última jornada. Social Distortion la encabezó con un Mike Ness que a estas alturas más que tocar, oficia: himnos de redención, biografía de superviviente y punk rock con raíces. Su historia de recuperación forma ya parte del personaje, y en directo se nota que cada verso viene pagado por adelantado.
El cierre fue para Therapy?, que repasaron su celebrado Troublegum (1994) y lo remataron con versiones de Joy Division y Hüsker Dü. Un final para nostálgicos bien entendidos. Antes habían pasado por los escenarios Vandoliers, Split Dogs y Starbenders, entre otros.
La cuota estatal
Evaristo repasó clásicos de La Polla Records con la mala leche intacta y esa presencia escénica que no se aprende en ninguna escuela. Alcalá Norte figuraban entre las confirmaciones estatales de una edición que también sumó a Voivod, Counting Crows o Superchunk en un cartel imposible de encasillar. Pocas citas europeas mezclan con esa naturalidad americana, punk de los ochenta y metal de culto.
La letra pequeña
No todo fueron aplausos. Las quejas más repetidas del fin de semana:
- El sonido del escenario principal, señalado sobre todo en la noche de Cooper.
- Los precios de comida y bebida, más propios de macrofestival que de cita de culto.
- La carpa Trashville convertida en sauna en las horas centrales.
- La sesión de Carpenter Brut, cuya electrónica dividió a un público criado a guitarras.
Camino del cuarto de siglo
Nada de eso cambia el fondo del asunto. El Azkena sigue programando por criterio y no por algoritmo, y esa es exactamente la razón de que 48.000 personas cruzaran media península para plantarse en Mendizabala un fin de semana de tormenta. Donde otros festivales persiguen al cabeza de cartel de moda, aquí se factura una reunión que llevaba 33 años pendiente, se despide a una banda de punk histórica como se merece y se deja espacio a quien viene empujando desde abajo. Esa mezcla no la improvisa nadie en 24 ediciones.
La 25ª espera en junio de 2027, y una edición redonda de aniversario pide dos cosas: más vatios en el escenario principal y un cielo con mejor humor. Lo primero depende de la organización. Lo segundo, en Vitoria y en junio, es pura lotería. Si el cielo colabora, será una fiesta mayor. Si no colabora, también.
El perfil completo del festival, con su historia y sus fechas de 2027, vive en la ficha del Azkena; el resto del verano, en la guía de festivales de rock.